11 - Sentir o Pensar

-Así que estas saliendo con Jessica…- se acercó la rubia por la espalda del chico que estaba recostado en uno de los sillones de la gran sala.

-… ¿Saliendo?- se rió por lo bajo, por las apresuradas deducciones de Nicole

-Creí que te interesaba Agatha- agregó simulando no darle importancia

-Jaja, nunca jugaría así con Agatha- se rió y aclaró hablando pausadamente.

-¿O sea que estas jugando con los sentimientos de Jessica?

-Sep

-¿Y no te sientes un poco mal por ser tan cretino siempre?

-Nop

-¿Para vos todo es un juego no?

-Sep

-¿Alguna vez vas a tomar en serio algo de lo que digo?

-Nop

-¿Te estas burlando de mi?

-Sep

-Te odio- frustrada admitía una derrota más ante la competencia que solo en su mente existía. Se sentó inconciente en el sofá junto a él.

-A mi cada día me caes mejor.- le guió un ojos, Nicole revoleó los suyos.

-Me das nauseas.

-Me das ternura y el sentimiento de una espinilla en el… el pie.- se burló descarado

-Sos despreciable.

-Vos una latosa.- se rió al decir esas ultimas palabras y cerrando los ojos y retomando su descanso. Nicole se quedó sentada sin decir más.- ¿Ningún reproche, ningún insulto más? ¿Se te acabó el débil repertorio linda?- Agregó Zafiel al darse cuenta de que algunos minutos habían pasado.

-No… me quedé pensando en…- lo mira con altanería- en cosas que no te importan.

-Ya, ya…por cierto- se acomoda en el sillón para poder verle mejor- ¿Qué le está pasando a Agatha? – Nicole lo miró sorprendida y con cierta sospecha- estuvo callada hoy… bueno más de lo normal- aclaró, Nicole se sonrió- no es necesario ser un genio para darse cuenta.

-No puedo decirte… pero por culpa de eso discutimos… creo que está muy enojada conmigo, pero no puedo aceptar lo que dice…- estaba hablando demasiado, no era la primera vez que le pasaba eso con Zafiel.

-Mmm… Agatha no es una persona que diga cosas sin motivo, quizás tendrías que aprender a confiar un poco más en tus instintos y tus amigos que en tu lógica.- Nicole se quedó pensando, y sorprendida se divertía de darse cuenta de que podía hablar con seriedad con ese molesto peligris… que quizás tenía razón. Pero claro está no lo admitiría.

-Pero la lógica es la respuesta más precisa- confirmó como si fuese una prueba científica

-No siempre la lógica tiene razón- le discutió tirándose los mechones de pelo que le dificultaban la visión hacia atrás.

-Te digo que sí.- siguió refutando.

-¿Hasta cuando vas a seguir engañándote a vos misma?

De nuevo estaban discutiendo como niños. Pero más relajados que lo habitual. Nicole recordó que había quedado en juntarse en casa de su pelirroja amiga. Miró su reloj tenía suficiente tiempo para llegar.

-Me voy- anunció mientras se incorporaba. Zafiel la detuvo tomando su mano

-¿A dónde?- le pregunto con una sonrisa forzada

-No te importa… ¿podes devolverme mi mano?- trataba de soltarse, pero él la mantenía presa

-No puedo… porque- miró para un costado como si en el florero sobre el escritorio se encontrara su excusa.- porque tenemos que hablar

-Te escucho- le dijo soltándose y cruzándose de brazos

-…-

-¿Es mentira no?

-Sep… no se me ocurre nada- admitió riéndose

-Entonces me voy- nuevamente la detuvo, esta vez tomándola por el brazo.

-¿Por qué no querés que me vaya?

-No es que no quiera, linda- La fémina expectante exigía una respuesta- es que... tu abuelo me dijo que no te dejara salir.

-¿Es otra mentira?

-Sep

-Sos increíble…- empezaba a inquietarse, se soltó con agilidad y caminó rápido hasta la puerta. Él se apresuró y se puso en frente- Estás actuando como un crío.

-Lo sé- rezongó fastidiado, pero continuando con su terquedad en no dejarla irse.

-No me vas a decir porqué ¿no?- Zafiel negó con la cabeza.- Entonces no vas a evitar que me vaya- quiso escabullirse, pero él la tomo delicadamente por la nuca y acercándose un poco a la rubia que extrañada intentaba descifrar que decían esos profundos ojos verdes. Teniéndola lo suficientemente cerca e indefensa apretó un especifico punto en su cuello logrando que ella se desplomara sosteniéndola con fuerza. Nicole estaba ahora desmallada, y Zafiel la cargaba en sus brazos serio e indiferente, la llevó hasta el sofá más grande de la sala y ahí la dejó, y se quedó agachado mirándola.

-cuando te despiertes te voy a decir que estas más gorda- le susurró recordado la fuerza que había debido hacer para cargarla. Acarició su pelo quitando uno de sus dorados mechones de su cara. No podía seguir indiferente.- Ves como si podes ser linda cuando estas dormida y calladita… especialmente calladita- le miró con ternura.

Nicole se despertó, estaba en lo alto de un edificio, la loza de la superficie estaba abruptamente dañada, alzó la mirada vio a un hombre, de firme y pacifico porte, de espaldas, con una dorada y prolija cabellera trenzada que se movía al compás del viento, ya lo había visto, de eso estaba segura.

Le dolía cada músculo del cuerpo, y sin dejar de ver la imponente figura del hombre se incorporó y asustó al sentir algo detrás suyo, de dio la vuelta y entre la sombras dos perlas plateadas brillaban, el dueño de esos ojos estaba en el piso, estiró su mano y ella se asustó al verle, tenía oscuros tribales desde la punta de los desde hasta lo que alcanzaba a verse del brazo con el claro de luna.

Sintió que la jalaban de la espalda, y esas mismas manos la alzaban y arrojaban sin piedad. Sintió el viento, sintió el frío. No entendía lo que ocurría, aunque últimamente no comprendía nada de lo que sucedía a su alrededor. Veía el pavimento acercándose amenazador, cerró los ojos esperando que fuera un mal sueño. Nada pasó, como si flotase ya no sentía viento, ni frío ni miedo; abrió los ojos, unos suaves brazos la sostenían, y dos enormes y puras alas blancas la envolvían, levantó su vista para verle el rostro, pero la intensa luz que emitía no se lo permitió.

Dos de sus matutinos y exasperantes despertadores sonaron al unísono, se levantó contracturaza y enojada con todo lo que la rodeaba, se estaba hartando de esos sueños, fastidiada se vistió con su monocromático uniforme y sin desayunar ni saludar a nadie se encaminó al instituto. En el camino se encontró con un pensador Zafiel que le sonreía distante.

-Hola linda- le dijo con un dejo de cansancio.

-¿Porqué no me dejaste salir?¿Quién te crees?- Enojada como se encontraba, estaba dispuesta a decirle unas cuantas verdades sin importarle el protocolo y el refinamiento.

-¿De que estas hablando?- La miró dubitativo.

-No te hagas el tonto.

-Nicole, no se de que me estas hablando.- sentenció y arqueando una ceja siguió su camino hacia la cocina. La rubia, suspiró aún enojada y tomando su bolso, a paso firme pasó por el umbral de la maciza puerta de roble y llegó a la parada de autobuses. No tubo que esperar mucho la línea 26 frenó estrepitosamente junto a la acera. Subió, se sentó en la parte del medio del colectivo como siempre lo hacía y miró por la ventana. Ese hombre de larga cabellera que brillaba con los reflejos del sol mañanero estaba con unos lentes oscuros, de pié en la otra vereda, en lo que el vehiculo tardaba en reanudar su marcha, el hombre giró su rostro y se quitó los lentes. Nicole se perdió en su mirada.